El pasado sábado 2 de mayo el UEMC Baloncesto Valladolid certificaba su eliminación de los playoff para ascender a Primera FEB, con parte de la grada hablando de «desastre» o «decepción». Para un club y una afición históricas del baloncesto español, pasar otro año más en Segunda FEB es un fracaso. En este artículo pretendemos analizar, y seguir todos los sucesos que han llevado a este punto.
La temporada comenzaba con un equipo venido del desastre que suponía descender, y una institución sumida en la recomposición y los problemas económicos. Encontrar líderes no era una tarea nada sencilla, que comenzó con Paco González ocupando el puesto de Director General (hasta su dimisión el 3 de octubre). Por la parte deportiva la apuesta fue David Barrio, conocido del baloncesto pucelano, y a su vez conocedor de la categoría.
La confección del roster tuvo un patrón claro: jugadores de menos de 24 años en su mayoría, con experiencia en la liga y en muchos casos también con algunos de sus compañeros. Podemos encontrar múltiples combinaciones en ese sentido: Pablo Martín y Juan García-Abril en el propio Valladolid hace 3 temporadas, Isern y Fares Ochi en la Cultural Leonesa, Carreño e Iñaki Ordoñez en el Prat y por último Arqués, Taiwo y Barrio en Sant Antoni.
La plantilla, aunque presentaba mucha cohesión contaba solo con 10 efectivos, y aunque subieran dos canteranos se dejó saber que no estaban preparados. Lucas Barnes, Iñigo Hansen, Enrique Gutiérrez y Pablo Hernández sumaron apenas 22 minutos en total a lo largo de la temporada. Pau Carreño por su parte se lesionó en pretemporada, aunque desafortunadamente esa sería una dinámica recurrente a lo largo del año hasta dejar el club a finales de febrero.
Con estos mimbres arrancó la temporada de manera efervescente el conjunto morado ganando sus 4 primeros partidos, pero en la jornada 5 apareció el primer contratiempo: el pabellón Pisuerga presentaba unas goteras que hicieron imposible jugar allí hasta la jornada 9, ya en diciembre. En ese tramo, aún con dificultades para entrenar, las ardillas solo encajaron una derrota para un balance de 7-1.
La temporada siguió avanzando y la plantilla rendía bien, las apuestas de fuera de España, Isaac Haney y Jacob Hanna, daban el plus que se les pedía y Pau Isern se erigía como la figura que estaba llamado a ser. La primera vuelta se coronó asaltando el liderato ante Biele ISB y con un balance de 10-3. Estas circunstancias se dieron gracias a ciertos factores que se dieron cita, como el hecho de jugar 4 partidos seguidos en Pisuerga, hecho que a la postre les conduciría por un infierno en el tramo final. También ayudó el elevado acierto en el triple, que rondaba el 40% y que finalmente bajó hasta un 31,5% mas mundano.
Hasta este punto las lesiones habían aparecido pero sin causar mayores estragos en los resultados colectivos, las bajas de Isern, Ochi o Carreño fueron bien cubiertas por los Marín, Taiwo y Pablo Martín. El puesto de pívot fue el que mas sufriría en ese aspecto con ambos dos intercalando lesiones e Iñaki Ordóñez salvando la papeleta en numerosas ocasiones. Con el objetivo de brindarle apoyo se trajo a Edu Arqués, viejo conocido de Barrio en San Antoni.
Él no sería la única cara nueva que aparecería por Pisuerga en medio de la competición: Antón Bouzán, José Montilla y Joseba Querejeta fueron otros fichajes de necesidad pero que pasaron sin pena ni gloria por Valladolid. La rotación consolidada se constataba en los 10 iniciales sumando a Edu Arqués.
Aún con esta carencia de profundidad las ardillas llegaron a los seis últimos encuentros con un balance de 15-5 y en un férreo pulso con el Coto Córdoba por el primer lugar de la tabla. A partir de ahí todo se empezó a venir abajo con un récord de 2-4 en el tramo decisivo. Las lesiones hicieron mella una vez más causando bajas tanto Isern como Taiwo además de Joseba Querejeta que había llegado al equipo para cubrir la baja del base catalán. A todo esto se sumaba que, de esos 6 partidos, los pucelanos tuvieron que afrontar 4 de ellos fuera de Valladolid y los últimos 3 fueron lejos de su feudo. La variación del calendario que les coronaba en diciembre les asestó un golpe definitivo.
Finalmente, y después de haberse codeado con las posiciones de cabeza durante todo el curso, los pucelanos se encontraron cuartos para afrontar los playoffs ante el CEB Llíria. El conjunto valenciano era la total antítesis de los vallisoletanos, siendo el equipo mas triplista de toda la liga y así lo demostraron endosando un correctivo de 27 puntos que ponía las cosas muy difíciles para superar la eliminatoria. El cansancio llevaba latente varias jornadas y los vallisoletanos lo pagaron muy caro.
Con todo y con eso, la llama de la esperanza seguía presente en los aficionados que acudieron a Pisuerga para atestiguar el intento de épica. Lastimosamente, y aún siendo los máximos anotadores de la categoría, los chicos de Barrio fueron frenados por un Llíria que se mostró firme y con una afición totalmente entregada.
Así ponía el punto y final este UEMC Baloncesto Valladolid a una temporada 25/26 donde no consiguió regresar a Primera FEB. Con luces por una parte, en su mayoría rayos de calidad por parte de los Isern, Ordóñez, Arqués, Ochi o Haney y también de lucha gracias a los Marín, Taiwo, Martín, García-Abril o Hanna. Las sombras, por otra, estuvieron a cargo de una mala planificación y del estado tambaleante en el que se encuentra una institución del baloncesto español.





