El Fundación Aliados mostró su mejor versión en el polideportivo de Txurdinaga, donde pocos equipos han conseguido salir victoriosos, realizando un partido perfecto en el que ató en corto a los lanzadores del cuadro vasco con una gran defensa, a la que se añadió un ataque con criterio, fluido, bien dirigido por Joaquín Robles, y en el que destacaron el siempre seguro Adrián Pérez y un Paco García Quiles que salió con todo desde el banquillo.
Los vallisoletanos iniciaron el choque con control, sabiendo lo que tenían que hacer tanto en defensa como en ataque y, aunque Van Brunschot pronto se cargó con dos faltas personales, su envergadura en la pintura frenó a los artilleros locales, lo que permitió al cuadro morado llegar al final del primer cuarto con cuatro puntos de renta a su favor.
Y, si bien Bidaideak apretó en el siguiente, haciendo valer la calidad en el tiro de Dandeneau y Manu Lorenzo, que fue el mejor de su equipo en ese apartado ofensivo, resultó insuficiente para dar la vuelta al resultado, aunque dejaron la ventaja vallisoletana a la mínima (31-32).
No podían aparecer los fantasmas de otros encuentros, y no lo hicieron. El Fundación Aliados siguió manteniendo una férrea y estructurada defensa que fue desquiciando al conjunto local poco a poco -un buen ejemplo de ello fue la quinta personal de Asier García, uno de los grandes referentes de su equipo- y otorgando un mayor dominio a los de José Antonio de Castro.
En este duelo no hubo bajones, ni momentos de desconcentración o desconexión, sino que todo salió según lo planeado, con esa intensa y contundente defensa que anuló los envites del Bidaideak para tratar de cambiar el rumbo del choque, y una claridad de ideas en el plano ofensivo que supo distribuir para todos sus compañeros Joaquín Robles, como director de una orquesta muy bien acompasada. Gracias a esa labor coral, el Fundación Aliados se llevó la victoria de la cancha bilbaína.





